Mostrando entradas con la etiqueta el salvador mineria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el salvador mineria. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de junio de 2011

Grave revés para la la resistencia antiminera de la región

El Gobierno de Guatemala anunció hoy lunes 13 de junio que no cerrará la mina Marlin en San Miguel Ixtahuacan, San Marcos a pesar de una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que le ordenaba cerrar dicho proyecto.

Esta decisión del Gobierno guatemalteco es, sin eufemismos, una de las manifestaiciones más cínicas de los tomadores de decisión en ese país. Resulta sorprendente que, luego del clamor de 28 comunidades indígenas perjudicadas por la presencia de ese proyecto minero, el gobierno diga que no se existen niveles de contaminación que obliguen a cerrar la mina.

Esta decisión, al igual que la disolución de la mesa de diálogo entre opositores indígenas a la minería y las autoridades panameñas hace algunas semanas, son duros golpes a la resistencia minera en la región centroamericana. En El Salvador no podemos ignorar estas coyunturas si, sobretodo, el desacato del Gobierno de Colom en Guatemala es un claro irrespeto a la institucionalidad que los Estados del continente americano se han comprometido a respetar. Esto también diluye las posibilidades de que El Salvador pueda exigir a Guatemala el cierre efectivo de la mina fronteriza Cerro Blanco en Asunción Mita, Jutiapa. La sociedad civil debe ponerse en alerta ante esta situación porque todas y todos seríamos los principales afectados con la contaminación del Río Ostuma, el Lago de Güija, sin más, del Río Lempa. Esta es la real amenaza de la mina Cerro Blanco, que está a solo 80 kms. de la frontera con El Salvador.


De igual relevancia es hacer notar que la CIDH, además de exigir el cierre del proyecto minero, entre los puntos de la resolución emitida por la CIDH, se encuentra la adopción de medidas restaurativas para descontaminar fuentes de agua de 18 comunmidades y también para garantizar la salud de las poblaciones afectadas por los proyectos mineros. El grave problema es que estas medidas quedan virtualmente descartadas cuando el informe presentado por las autoridades de gobierno determina que no existe causalidad entre el trabajo de extracción de oro y plata y los niveles de contaminación en la zona.

Esto, además, es especialmente significativo para El Salvador porque por ejemplo, uno de los argumentos que han esgrimido las comunidades de Cabañas para oponerse al proyecto de El Dorado en el municipio de San Isidro, es que el Estudio de Impacto Ambiental (EIA)presentado por la minera Pacific Rim en, no contempla garantías de ningún tipo ante accidentes o afectaciones durante el proceso. Esto lo dice también el geólogo de la Universidad de Texas, Robert Morán y constituye, de hecho, una de las principales críticas que el científico hace al EIA del proyecto El Dorado.

El desacato del Gobierno de Guatemala a la resolución de la CIDH pone en riesgo el equilibrio ecológico de la región territorial en la que El Salvador está enclavada. Se ha dicho que las cuencas de los ríos no pertenecen a un país y no pueden pretenderlo tampoco. Por lo tanto, permitir proyectos mineros, sea donde sea, también tiene efectos perversos en los ecosistemas de los países vecinos. La lucha regional contra la minería debe, pues, fortalecerse y no dejarse amedrentar por este tipo de reveses.

Como Mesa Nacional frente a la Minería Metálica esperamos que las autoridades salvadoreñas no tomen como ejemplo esta forma de gobernar. Es inadmisible ignorar el clamor de las poblaciones más vulnerables, sobretodo cuando éstas se fundamentan en razones científicas y comprobables. No es casualidad que hayamos activado nuestra campaña contra la mina en Cerro Blanco, en la que pedimos a nuestros gobernantes que actúen para presionar sus pares guatemaltecos en la prohibición y cierre de dicha mina. Es necesario que el Gobierno salvadoreño de muestras concretas de rechazar la minería. De lo contrario, nada nos asegura que estemos a salvo de la devacle minera.

martes, 31 de mayo de 2011

El acceso al agua es derecho de tod@s. Gran Caminata Ecológica.*


Esta onceava edición se enmarca en un contexto que tiene como gran telón de fondo, el info
rme que publicara La Oficina de Evaluación y Coordinación de Desastres de las Naciones Unidas (UNDAC) sobre los niveles de riesgo a desastres ambientales de El Salvador. En dicho informe se concluyó que el 95.5% de la población salvadoreña es propensa a sufrir desastres ambientales, lo que sin duda refleja la urgencia del cambio de paradigmas que hacen falta en el país, para encaminarnos a niveles de desarrollo sostenibles, sustentables, inclusivos y democráticos.

Diferentes organizaciones sociales y comunitarias, iglesias, universidades, convocan a toda la sociedad salvadoreña a la XI Gran Caminata Ecológica. Como Mesa Nacional frente a la Minería Metálica estamos involucrados en la organización de la caminata por lo que invitamos a tod@s l@s salvadoreñ@s a hacer sentir su voz, exigiendo a los tomadores de decisión de nuestro país el respeto nuestro derecho al acceso al agua. Tal como lo dice el lema para esta edi
ción de la Gran Caminata Ecológica: "El Agua es un derecho, defenderla nuestro deber".

Esta caminata es el espacio ideal para que nos pronunciemos como ciudadan@s preocupados por la situación medioambiental del país. No somos colores partidarios, no somos intereses económicos; somos ciudadanos que queremos políticas públicas ambientales que sean idóneas y congruentes con las posibilidades de nuestro país.

El comunicado de prensa entregado a los medios de comunicación está disponible aquí.


*Equipo de comunicaciones Mesa Nacional frente a la Minería Metálica

miércoles, 15 de julio de 2009

Asesinato de Marcelo Rivera: ¿Delincuencia común?



¿Inoperancia? o ¿mala intención? Es sospechoso que la Fiscalía General de la República (FGR) y la Policía Nacional Civil (PNC) se apresuren a declarar que la desaparición forzada y posterior asesinato de Gustavo Marcelo Rivera Moreno es un acto de la delincuencia común.
Ésa es la hipótesis inicial planteada por el Subdirector de Investigaciones de la PNC, comisionado Howard Augusto Coto, y el Jefe de la Unidad contra el Crimen Organizado de la FGR, Rodolfo Antonio Delgado.

Según estos funcionarios de la seguridad pública, Gustavo Marcelo –quien no era borracho ni se reunía con miembros de pandillas– departía con un grupo de mareros quienes, después de una acalorada discusión, le quitaron la vida. En tal sentido, el activista ambiental y dirigente político de Cabañas sería sólo una de las 13 personas asesinadas a diario en El Salvador.

Pero diversas pruebas –que serán presentadas en los tribunales– desmienten la historia del comisionado Coto y del fiscal Delgado. Abundan elementos que sugieren posibles móviles políticos y líneas de investigación para encontrar a los responsables –intelectuales y materiales– de dichos crímenes, la principal son las amenazas y persecuciones que sufrió debido a su rechazo a la minería y su resistencia a acciones de fraude electoral.

El propósito de este artículo es insistir en dos argumentos que sostienen la tesis de que la desaparición forzada y asesinato de Rivera Moreno no son un simple acto de delincuencia común.

Primero. Gustavo Marcelo no es una víctima común. Y esto no es discriminar a otras víctimas de la feroz delincuencia que azota al país, pues todas las vidas humanas que se pierden son importantes. Se trata de destacar algunas de sus características que lo convierten en “una víctima no común”.

Al momento de su desaparición era representante de la Asociación Amigos de San Isidro, Cabañas (ASIC), organización con sede en San Isidro y en Los Ángeles (California, EE.UU), miembra de la Mesa Nacional frente a la Minería. También dirigía la Casa de la Cultura de San Isidro e integraba la Directiva Departamental del FMLN en Cabañas.

Es decir, era un líder comunitario, funcionario público, activista del medioambiente y dirigente político.

Su lucha antiminera y su labor por la democracia en San Isidro lo enfrentaron a intereses de la empresa Pacific Rim –que pretendía extraer más 800 millones de dólares en oro de la mina El Dorado– y del alcalde José Ignacio Bautista, acusado de cometer fraude en los comicios del 18 de enero.

Y segundo. Su asesinato no fue perpetrado en forma común. Fue desaparecido forzosamente y, a las tres semanas, se le encontró asesinado, con señales de tortura, al peor estilo de los escuadrones de la muerte. Evidentemente se trata –y el comisionado Coto y el fiscal Delgado lo saben– de un sicariato que tiene autores intelectuales. Es decir, sus motivos trascienden al actuar de la delincuencia común.

*Equipo de comunicaciones de la Mesa Nacional frente a la Minería Metálica.